Así son las vacaciones cuando miras desde un metro: la propuesta de las Islas Canarias para reconectar con tus hijos.

 

Las Islas Canarias nos proponen este verano una forma distinta de disfrutar las vacaciones en familia. «Miradas desde un metro» es mucho más que una campaña: es una invitación a redescubrir el mundo a través de los ojos de nuestros hijos. Con un enfoque emocional y colaborativo, nos anima a soltar el control, entregar la cámara a los más pequeños y dejarnos sorprender. Porque a veces, lo que hace mágico un viaje no es lo que planificamos, sino lo que ellos ven.

 

¿Qué ven nuestros hijos en vacaciones?

 

Liam en Tenerife.

 

“Miradas desde un metro” nace con una reflexión tan simple como reveladora: ¿nos hemos parado alguna vez a pensar qué es lo que realmente les llama la atención a nuestros hijos cuando están de vacaciones? A menudo, los adultos programamos actividades, excursiones y visitas pensando en ellos, pero sin consultarles realmente. Esta campaña fotográfica colaborativa, impulsada por Islas Canarias con la colaboración de PHotoEspaña, da la vuelta al enfoque. Pone en manos de los niños una cámara y total libertad para capturar lo que les emociona, lo que les divierte, lo que les impacta. El resultado es una galería espontánea de imágenes que no buscan la perfección técnica, sino la verdad emocional.

 

Alan con los camellos en Lanzarote.

 

Esa sombra que se cuela entre las ramas, un charco que refleja el cielo, el brillo de una concha en la arena, una fuente de chocolate o el movimiento hipnótico de una hilera de hormigas. Lo que para los adultos pasa desapercibido, para ellos se convierte en el centro del mundo. Las fotografías que forman parte de este proyecto nos devuelven esa mirada limpia y sin filtros que un día también fue nuestra. Una mirada que no juzga, que no compara, que simplemente observa y siente.

Como explica Elena González, madre de tres hijos y directora de comunicación y marketing de Islas Canarias: «Ser madre o padre no viene con instrucciones. A veces se nos olvida que la mirada de un niño —libre de prejuicios y sesgos— es capaz de disfrutar intensamente de lo que realmente le fascina. Su forma de ver el mundo es más auténtica, más pura».

 

El valor de dejarles ser los fotógrafos

 

Jon junto al faro de Maspalomas.

 

Esta iniciativa no solo es inspiradora, también es una oportunidad para vivir el viaje de una forma completamente distinta. Dejarles la cámara a ellos es un ejercicio de confianza y empatía. No se trata de enseñarles a hacer buenas fotos, sino de aprender de las suyas. Al revisar juntos las imágenes después de cada día, descubrimos lo que realmente ha captado su atención. Sus fotos no siguen reglas, pero transmiten una verdad que a veces hemos perdido.

Álvaro Sanz, fotógrafo y comisario del proyecto, además de padre de cuatro hijos, apunta: «Mientras yo sigo buscando la luz perfecta y el encuadre preciso, ellos simplemente miran. Y al hacerlo, sin filtros ni pretensiones, capturan la esencia misma de lo que tantos profesionales anhelamos: la emoción».

 

Un proyecto con vocación de comunidad

 

Alan desde La Palma

Alan desde La Palma

 

“Miradas desde un metro” es también un proyecto fotográfico colaborativo. Las familias pueden participar compartiendo en redes sociales las imágenes que hagan sus hijos durante las vacaciones con el hashtag #miradasdesdeunmetro, siempre respetando su intimidad. No se trata de mostrar rostros, sino miradas. Lo importante es la perspectiva, no la pose. La campaña incluye además una exposición itinerante que ha pasado por Madrid y Barcelona, reuniendo algunas de las imágenes más sorprendentes y conmovedoras del proyecto.

El resultado es una colección visual de emociones infantiles en estado puro. Pero también es una invitación para los adultos: mirar con otros ojos, redescubrir lo cotidiano, romper la rutina del viaje programado y abrirse a la sorpresa.

Álvaro Sanz lo resume con claridad: «Si le das una cámara a un niño y no le marcas un camino, te sorprenderá. Te mostrará un mundo nuevo. Y, más importante aún, nos hará descubrir un montón de cosas que habíamos dejado de ver».

 

Eiden en Fuerteventura.

 

Para sacar el máximo partido a la experiencia, aquí tienes algunos consejos:

  • Dales una cámara o un móvil con control parental y explícales que pueden fotografiar todo lo que les parezca interesante.
  • Revisad juntos las fotos cada día. Pregúntales por qué eligieron esa imagen, qué les llamó la atención.
  • Imprimid las mejores y cread un álbum familiar con notas escritas por ellos. Así, el recuerdo se convierte en tangible.
  • Anímales a decorar su álbum con dibujos, pegatinas o recortes. Es su historia, contada a su manera.
  • Convertidlo en una tradición familiar cada verano. Con el tiempo, podréis ver cómo evoluciona su mirada.

Islas Canarias, el escenario perfecto para inspirarles

Las Islas Canarias son, además, el escenario ideal para esta experiencia. Su diversidad paisajística, su clima privilegiado durante todo el año y su amplísima oferta de ocio para todas las edades convierten al archipiélago en un destino redondo para familias.

 

Asier en Tenerife.

 

Desde playas tranquilas donde construir castillos de arena hasta parques acuáticos como Siam Park o el Loro Parque en Tenerife, pasando por el acuario Poema del Mar en Gran Canaria o museos adaptados a todos los públicos. Pero también hay senderos entre volcanes, cielos limpios para observar estrellas, rutas en camello o salidas en barco para avistar cetáceos. Todo está pensado para que los más pequeños vivan aventuras sin guión, de esas que no se olvidan.

En palabras de Elena González: «Observarles con atención, descubrir lo que de verdad les interesa y preparar unas vacaciones pensadas desde su mirada es una forma de reconectar con ellos y con el niño o niña que fuimos».

En las Islas Canarias, la naturaleza no es un fondo de pantalla, es un terreno de juego. Cada isla ofrece una experiencia distinta, pero todas tienen algo en común: la posibilidad de vivir el viaje a su ritmo, sin prisas y sin filtros.

 

¿Qué aprendemos al viajar con ellos?

 

Massimo en el acuario Poema del Mar en Gran Canaria.

 

Viajar con niños no es solo una forma de pasar tiempo juntos. Es, también, una oportunidad para volver a conectar con el niño o la niña que fuimos. Ellos nos recuerdan que lo extraordinario está en lo sencillo: una nube con forma de dragón, una piedra de color extraño, la espuma del mar. Mientras nosotros buscamos la siguiente atracción, ellos se detienen en lo que tenemos delante. Y ese ejercicio de presencia, de atención plena, es un aprendizaje profundo.

La neurociencia lo llama mindfulness. Los niños lo practican sin saberlo. Y al hacerlo, nos enseñan a estar, a mirar, a disfrutar.

“Miradas desde un metro” no solo es una campaña de promoción turística. Es una invitación a cambiar el enfoque. A pensar unas vacaciones desde su altura. A regalarles —y regalarnos— una forma distinta de recordar el viaje. Y a entender que, quizás, las mejores postales de nuestras vacaciones no las tomamos nosotros, sino ellos.

 

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