La obra de teatro Un monstruo viene a verme llega a España para emocionar a adultos y jóvenes con una historia sobre la vida, la pérdida y la esperanza.

 

La adaptación teatral de Un monstruo viene a verme se ha convertido en uno de los grandes acontecimientos culturales de la temporada. La historia nos presenta a Conor, un niño de 13 años que vive con la certeza de que su madre está gravemente enferma y con la angustia de las pesadillas que lo visitan cada medianoche. En esas noches de insomnio, un monstruo en forma de tejo aparece en su ventana para acompañarlo en un viaje simbólico hacia la verdad que tanto teme enfrentar.

El montaje no es teatro infantil, sino un espectáculo adulto con una profundidad emocional que permite que también a los jóvenes acompañar a Conor en su viaje. Se trata de una experiencia intergeneracional, en la que padres, madres e hijos comparten emociones y reflexiones en la butaca. Como explica Pedro Sánchez, director adjunto de la compañía, “el teatro abre un espacio de reflexión que permite al espectador reconocerse y hablar de lo que a veces cuesta expresar”. Ese es el poder de esta propuesta: una historia que emociona y que, al mismo tiempo, genera conversación en familia sobre temas que rara vez se abordan de manera directa, como la enfermedad y la pérdida.

 

Interpretaciones magistrales

 

Elisa Hipólito e Iker Lastra en unas interpretaciones magistrales.

 

Uno de los grandes aciertos de la producción está en sus intérpretes. La joven actriz Elisa Hipólito interpreta a Conor con una sensibilidad que conmueve. No resulta sencillo dar vida a un personaje atrapado entre la infancia y la madurez forzada por la enfermedad de su madre, pero Hipólito lo hace con una autenticidad que desarma. Su Conor es vulnerable, enfadado, frágil y valiente a partes iguales. Cada gesto, cada palabra y cada silencio transmiten la lucha interna de un niño que sabe que la vida le obligará a crecer demasiado deprisa.

El público no tarda en sentirse identificado con él. Las emociones de Conor son universales: miedo, rabia, tristeza y, sobre todo, el deseo de no estar solo frente a la pérdida. Esa identificación hace que la obra trascienda generaciones y que tanto adultos como jóvenes se reconozcan en su viaje.

A su lado, Iker Lastra encarna al monstruo, una figura que impone con su sola presencia. Pero más allá de la apariencia intimidante, su interpretación dota al personaje de una humanidad sorprendente. El monstruo no es solo una amenaza, sino un guía que empuja a Conor a enfrentarse a su verdad más dolorosa. Esa dualidad convierte al personaje en uno de los grandes atractivos de la obra: un ser que es al mismo tiempo refugio y espejo, miedo y salvación.

La química entre Hipólito y Lastra sostiene el corazón de la función, apuntalado con las interpretaciones de Cristina Bertol como la madre y Antonia Paso como la abuela. Juntos transmiten la compleja relación entre un niño que busca respuestas y una criatura que, con dureza y ternura a la vez, le muestra el camino.

 

Una puesta en escena premiada

El montaje brilla por su aparente sencillez escénica. Con una escenografía minimalista diseñada por José Luis Raymond y Laura Ordás, el escenario se transforma a través de la iluminación de Juan Gómez-Cornejo y Jesús Díaz Cortés y de la videoescena de Álvaro Luna. La música original de Alberto Granados Reguilón, que ha recibido el Premio Talía a Mejor Música Original, acompaña con delicadeza cada transición y multiplica la emoción en los momentos clave. El montaje logra adentrarse en los sentimientos más profundos del público, sin necesidad de artificios.

El espectáculo ha sido reconocido por la crítica con tres nominaciones a los Premios Max en las categorías de Mejor espectáculo de teatro, Mejor labor de producción y Mejor diseño de espacio escénico. Un reconocimiento que refuerza lo que el público percibe en cada función: que se trata de una obra cuidada hasta el detalle y capaz de conmover con recursos sutiles pero muy efectivos.

Una gira nacional con paradas en grandes teatros

El estreno en Madrid, en el Teatro Fígaro del 25 de septiembre al 12 de octubre, marca la continuación de una gira nacional que ya se inició en Barcelona, Málaga y Mallorca y que llevará la obra a distintos puntos de España. En noviembre se representará en el Teatro Jovellanos de Gijón, en diciembre en el Teatro Principal de Zaragoza, y en mayo llegará al Teatro Arriaga de Bilbao. A estas fechas se sumarán otras ciudades, con lo que el espectáculo se convierte en una de las grandes giras teatrales de la temporada.

Gracias a esta itinerancia, familias de diferentes comunidades autónomas tendrán la oportunidad de vivir un montaje que ya ha emocionado y conmovido a miles de espectadores en el mundo. El teatro se convierte así en un plan cultural con valor añadido: disfrutar de un espectáculo de calidad y, al mismo tiempo, abrir un espacio de diálogo entre generaciones.

Un puente entre cultura y salud

La obra se enmarca en la iniciativa “Todos contra el cáncer” de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC). Esta colaboración busca incrementar los recursos de prevención, detección precoz e investigación con el objetivo de alcanzar un 70% de supervivencia en 2030.

La unión entre la AECC y la compañía teatral demuestra que el arte puede ser una herramienta poderosa de concienciación. El cáncer es una realidad presente en muchos hogares y, a menudo, un tema tabú. Esta función contribuye a visibilizarlo y a generar una conversación social necesaria, rompiendo miedos y estigmas.

Teatro para abrazar

Dentro de este compromiso social se sitúa el programa “Teatro para abrazar”, que en los últimos diez años ha llevado las artes escénicas a más de 350.000 jóvenes en 75 ciudades de toda España. Se trata de una apuesta firme por el teatro como herramienta de educación emocional.

La experiencia demuestra que el teatro no es solo entretenimiento, sino también un espacio donde los espectadores aprenden a mirar la vida con otros ojos. Como recuerda Pedro Sánchez, “el teatro es un lugar donde jóvenes y adultos se encuentran y se reconocen, y esa es la fuerza transformadora que perseguimos”.

Una historia que viaja del libro al teatro

La trayectoria de Un monstruo viene a verme es tan conmovedora como su argumento. La historia nació de la escritora británica Siobhan Dowd, diagnosticada de cáncer en 2004, que comenzó a escribirla poco antes de fallecer en 2007. El escritor Patrick Ness tomó su testigo y convirtió la idea en una novela publicada en 2011 que se convirtió en un fenómeno editorial.

En 2016, el director Juan Antonio Bayona llevó la historia al cine con una película que recibió nueve Premios Goya y una extraordinaria acogida. En 2018, el Old Vic Theatre de Londres estrenó la versión teatral, que después recorrió Reino Unido y Estados Unidos con gran éxito. Ahora, la producción llega a España con un montaje que mantiene la esencia de la historia y la enriquece con una puesta en escena adaptada al público nacional.

Un legado compartido en familia

Aunque se trata de un espectáculo adulto, la obra se recomienda a partir de los 10 años, lo que la convierte en una excelente oportunidad para que padres, madres e hijos compartan una experiencia cultural profunda. No se trata de un montaje pensado para niños, sino de una obra que ofrece distintas lecturas según la edad del espectador.

Para los adultos, es un recordatorio de la fragilidad de la vida y de la necesidad de hablar de lo que duele. Para los jóvenes, es una puerta a comprender emociones complejas y a perder el miedo a temas como la enfermedad o la muerte. Incluso una herramienta para hablar sobre el bulling. En ese punto de encuentro se encuentra la magia del montaje: permite que distintas generaciones salgan del teatro conmovidas y, a menudo, con el deseo de seguir conversando en casa.

La experiencia teatral, en este caso, trasciende lo escénico para convertirse en un legado emocional compartido.