Declarado uno de los pueblos más bonitos de Francia, Castelnou concentra un castillo del siglo X, calles de piedra con talleres de artesanos y una ruta con vistas privilegiadas, a solo veinte minutos de Perpiñán.

 

 A poco más de veinte minutos en coche de Perpiñán, Castelnou es una de esas excursiones con niños que combinan historia, paseo tranquilo y recompensa visual al final del camino. Este pueblo medieval, reconstruido en el siglo XVII con las piedras del propio castillo, conserva un trazado de calles estrechas donde hoy conviven artesanos de todos los oficios, mientras en lo alto de la colina su fortaleza sigue vigilando el valle como lleva haciendo desde hace más de diez siglos.

El castillo de Castelnou: diez siglos de historia catalana

El castillo de Castelnou se construyó entre los siglos X y XI para asentar el poder político de la familia del condado de Besalú, y con el tiempo se convirtió en capital administrativa y militar de la vizcondía del Vallespir. La familia de Guillermo I se mantuvo al frente durante varias generaciones y residió en el castillo hasta 1286, un periodo que dejó una huella de cultura y poder catalán que todavía se respira en cada muro. Tras siglos de abandono, en 2018 el Consejo Departamental de los Pirineos Orientales adquirió el monumento y emprendió un ambicioso proyecto de rehabilitación, galardonado por la Misión Bern en 2020, centrado tanto en mejorar la accesibilidad del castillo como en poner en valor su extraordinario potencial turístico. Hoy la visita se hace con una audioguía disponible en versión adulta e infantil, y para los más pequeños existen carnets de juegos y cuadernos de lectura fácil ilustrados con imágenes del patrimonio del castillo.

 

puerta norte de entrada al pueblo medieval de castelnou, a 20 minutos de Perpiñán

La entrada a Castelnou te traslada a otra época.

Pasear por las calles de Castelnou con niños

Hacia mediados del siglo XVII, cuando Castelnou ya no era más que una ruina, sus habitantes reconstruyeron las casas del pueblo reutilizando en parte las piedras del propio castillo. Se entra por la Puerta Norte, flanqueada por dos torres protectoras que todavía conservan sus goznes de hierro forjado originales y la marca del pesado cerrojo que bloqueaba el acceso, y desde ahí dos calles principales, la carrer d’avall y la carrer del mig, distribuyen un laberinto de casas bajas y compactas, unidas por pequeñas callejuelas escalonadas que invitan a los niños a explorar sin perderse nunca del todo. Aprovechando el terreno en pendiente, muchas casas catalanas tienen varios accesos repartidos en dos o tres callejuelas distintas, con escaleras exteriores cubiertas por un pequeño tejadillo que llevaban al piso de arriba, mientras la planta baja quedaba reservada antiguamente para los animales. Buscar los antiguos hornos de pan que decoran algunas fachadas en la parte superior, las curiosas piedras horadadas que servían para atar las mulas hace apenas medio siglo, o las tejas decoradas con motivos geométricos llamadas genoises (que según la tradición protegían la casa de la mala suerte) puede convertirse en un pequeño juego de observación para toda la familia mientras se pasea sin rumbo fijo.

 

Antiguos hornos de pan en casas medievales de piedra en el sur de Francia

En sus calles verás los antiguos hornos de pan suspendidos en las fachadas.

Talleres de artistas y artesanos de arte

Castelnou vive hoy gracias a una comunidad activa de pintores, escultores, alfareros, mosaístas y joyeros que han instalado sus talleres en las mismas callejuelas empedradas del pueblo, perpetuando oficios que en muchos lugares se han perdido. Empujar la puerta de una de estas galerías, muchas de ellas abiertas al público, es una forma distinta de visitar un pueblo medieval: en lugar de limitarse a fotografiar fachadas, se puede ver a un artesano trabajando en directo. El pueblo cuenta además con dos galerías municipales, la sala Marcel Gili y la Maison Legrand, que exponen de forma rotativa el trabajo de estos creadores y ayudan a entender por qué Castelnou sigue siendo, siglos después de su fundación, un lugar donde conviven con naturalidad vecinos, visitantes y artistas.

 

Calles de piedra con arcos medievales

Artistas han instalado en Castelnou sus talleres.

La iglesia de Sainte-Marie-del-Mercadal y el mercado de productores

A las afueras del recinto amurallado, la iglesia parroquial de Sainte-Marie-del-Mercadal data del siglo XII y fue construida por los propios vecinos del pueblo sobre una pequeña colina donde antiguamente se celebraba el mercado. De estilo románico, su rasgo más singular son los herrajes de la puerta de entrada, clasificados como monumento en 1973 y un ejemplo perfecto del saber hacer catalán de la época; incluso el hierro que forma esos herrajes procede del macizo del Canigó, una piedra con la curiosa propiedad de no oxidarse. En el siglo XVIII se añadió la sacristía, y el campanario, reconstruido en forma de torre cuadrada abierta a los cuatro puntos cardinales, conserva dos campanas, una de 1630 y otra de 1842. En temporada alta, Castelnou recupera además su vocación comercial original con el Petit Marché de Producteurs todos los martes de mediados de junio a mediados de septiembre, y con citas mensuales como el Dimanche des Peintres o Les Créateurs en Fête, que reúnen a artistas amateurs y profesionales en las calles del pueblo los primeros y terceros domingos de la temporada estival.

mercado medieval a las afueras de Castelnou

Una vez a la semana se instala un mercado histórico durante la temporada estival

La ruta del Roc de Majorque: vistas sobre el castillo

Para familias con ganas de mover las piernas, la ruta circular del Roc de Majorque ofrece la mejor recompensa visual de toda la visita: un mirador natural desde el que se contempla de golpe el castillo y todo el caserío de Castelnou, uno de los pueblos clasificados entre «los más bonitos de Francia». El itinerario, moderado y apto para niños acostumbrados a caminar, se completa en algo más de una hora, y merece la pena llevar agua y calzado cómodo, ya que algunos tramos son estrechos y escarpados y conviene extremar la atención con los más pequeños. Muy cerca, en lo alto de una colina al noroeste del pueblo, se levanta también una antigua torre de vigía que formaba parte de una red de torres de señales: construidas de forma que pudieran verse entre sí, se usaban para avisar de cualquier peligro procedente de tierra o de mar mediante señales de fuego o humo, un sistema de comunicación medieval que suele fascinar a los niños más curiosos por la historia.

 

Castelnou con montañas al fondo y la iglesia

Alrededor del pueblo hay rutas senderistas.

Guía práctica

Cómo llegar En coche, unos veinte minutos desde el centro de Perpiñán.
Horario del castillo De 11:00 a 17:00 de enero a marzo y de octubre a diciembre; de 10:00 a 18:00 de abril a junio y en septiembre; de 10:00 a 19:00 en julio y agosto.
Recursos para niños Audioguía en versión adulta e infantil, carnet de juegos para niños y cuadernos de lectura fácil con el patrimonio en imágenes.
Recomendaciones Los perros deben ir atados. Algunos pasos del pueblo y de la ruta del Roc de Majorque son estrechos y escarpados, con especial atención a los niños. Los ciclistas deben cruzar el pueblo a pie.
Mercado de productores Todos los martes de 10:00 a 19:00, de mediados de junio a mediados de septiembre.
Duración de la visita Entre una hora y una hora y cuarto para el pueblo y el castillo; sumar una hora más si se completa la ruta del Roc de Majorque.

En Castelnou hay restaurantes con vistas a la montaña.

Preguntas frecuentes

¿Es Castelnou una buena excursión para ir con niños pequeños?

Sí, el pueblo se recorre en llano en su mayor parte y el castillo ofrece audioguía y materiales infantiles. Conviene prestar atención en algunos tramos estrechos y con desnivel, tanto en el propio pueblo como en la ruta del Roc de Majorque.

¿Cuánto tiempo hay que reservar para visitar Castelnou?

Con una hora u hora y cuarto es suficiente para pasear por el pueblo y visitar el castillo. Si se quiere completar la ruta del Roc de Majorque, conviene sumar al menos una hora más.

¿Se puede comer en Castelnou?

Sí, el pueblo cuenta con restaurantes con vistas espectaculares a la montaña y alojamientos que conviven con los talleres de artesanos en sus calles, una oferta que conviene reservar con antelación en temporada alta por el tamaño reducido del pueblo.

¿Se puede combinar Castelnou con otra visita el mismo día?

Sí, es habitual combinarlo con una mañana en Perpiñán, ya que ambos destinos están a poco más de veinte minutos en coche entre sí.