Viajar por el norte de Burgos en familia es como abrir un libro de aventuras medievales donde cada capítulo transcurre en un pueblo distinto con castillos en equilibrio sobre la roca, rutas sencillas entre montañas y experiencias que acercan a los niños a la naturaleza y a la vida rural.

 

En pleno Territorio Obarenes -la zona montañosa que abraza el Parque Natural Montes Obarenes-San Zadornil- encontramos un recorrido de distancias cortas, historias largas y naturaleza imponente que se descubre a ritmo de coche, sin prisas, con la sensación constante de haber llegado a un lugar auténtico, resistente al paso del tiempo.

Antes de comenzar la ruta conviene entender dónde estamos: Las Merindades, una histórica división territorial de la Castilla medieval, organizaba estos valles en “merindades”, cada una administrada por un merino. Era la herramienta de gestión del Reino de Castilla y hoy da nombre a una comarca que mantiene su identidad rural, su patrimonio monumental y su paisaje montañoso.

En estas tierras se entremezclan pueblos manejables, actividades para aprender jugando, monasterios gigantes que fascinan a los niños, castillos que parecen sacados de un cómic y rutas accesibles que permiten a toda la familia conectar con la naturaleza. Medina de Pomar, Oña, Frías y Santa Gadea del Cid componen una ruta perfecta de tres días para familias amantes del patrimonio, las experiencias al aire libre y los descubrimientos inesperados.

 

Medina de Pomar, un escape room y yincana entre manzanas

 

La ruta arranca en Medina de Pomar, antigua capital de las Merindades, donde las dos torres desiguales del Alcázar de los Condestables dominan el perfil del pueblo. A los niños les llama la atención la diferencia de altura entre las torres -una de esas curiosidades arquitectónicas fáciles de explicar-, pero lo que más entusiasma a las familias es saber que dentro del castillo se puede hacer un escape room. Una aventura ambientada en la época medieval que convierte la visita en un juego de llaves, enigmas y acertijos que incluso los adultos disfrutan.

 

 

El Alcázar alberga además el Museo Histórico de las Merindades, que combina una sección etnográfica con piezas de la vida rural tradicional y otra dedicada a recrear cómo era la planta noble del castillo en el siglo XV. El recorrido permite entender mejor la historia del territorio y la evolución de sus linajes más influyentes.

 

 

Tras la visita, merece la pena seguir la ruta urbana “De manzana en manzana”, un itinerario de murales pintados con enormes manzanas de colores que rodean Medina y que se convierten en un juego espontáneo para los más pequeños: encontrar la siguiente, decidir cuál es la favorita, inventar historias alrededor de cada una… Una forma ligera y artística de recorrer el pueblo antes de continuar camino.

 

Oña, un jardín secreto junto al monasterio

 

Desde Medina, la carretera lleva a Oña, uno de los lugares más imponentes de toda la ruta. Su gran protagonista es el Monasterio de San Salvador, fundado en el siglo XI y durante siglos uno de los centros monásticos más poderosos del norte de Castilla. El interior ofrece una visita monumental que siempre impacta a las familias: el panteón donde reposan reyes y condes, la sucesión de sepulcros medievales, las capillas laterales con tallas policromadas y el claustro gótico, silencioso y luminoso.

 

A pocos pasos comienza la Senda Circular de la Huerta de San Salvador, una ruta sencilla por el Jardín Secreto que recorre las antiguas propiedades del monasterio, entre pinos, rocas calizas y pequeñas ermitas en ruinas. En su ascenso se encuentra la Gruta de San José, un eremitorio rupestre excavado en la roca en el siglo XVI. Sorprende por sus cámaras irregulares, su empinada escalinata interna y los tragaluces que iluminan la cavidad. El tramo final de la senda se abre hacia un mirador con vistas al valle del Oca y al propio pueblo.

 

Un día entre ovejas y abejas

Si hay un día que los niños recordarán, será este. En las afueras de Oña una granja ecológica de ovejas churra permite entrar en contacto directo con los animales. Los pequeños pueden tocarlas, darles de comer, aprender por qué esta raza autóctona es tan importante y descubrir cómo se trabaja la lana en el medio rural.

La segunda parte de la jornada nos acerca al fascinante mundo de las abejas. El taller de apiturismo comienza con la puesta del traje blanco, un momento que ya emociona a los más pequeños. El apicultor explica cómo viven las abejas, cómo se organiza la colmena, por qué son esenciales para el equilibrio del ecosistema y cómo se obtiene la miel. Abrir una colmena y sentir el zumbido en plena actividad es una experiencia educativa, sensorial y emocionante, ideal para despertar curiosidad y respeto por la naturaleza.

 

Frías, el castillo sobre la roca

La ruta continúa hacia Frías, una de las joyas de Burgos. Desde la distancia ya sorprende la imagen del castillo encaramado a la roca, con sus casas colgadas vigilando el desfiladero del Ebro.

El Castillo de Frías es uno de los castillos roqueros más espectaculares de Castilla. Se accede por un puente sobre el antiguo foso y, una vez dentro, es posible recorrer el adarve y caminar por las murallas, subir a la Torre del Homenaje y contemplar el paisaje abierto del Valle de Tobalina y los Montes Obarenes. Su fábrica combina elementos de los siglos XII al XVI, con defensas añadidas por Alfonso VIII y obras posteriores del Conde de Haro.

En la iglesia se exponen maquetas de las casas colgadas, muy útiles para que los niños comprendan cómo se construyeron estas viviendas en voladizo sobre la roca. La ciudad también participa en el proyecto “Te enseño mi pueblo”, donde jubilados del municipio guían visitas narrando historias y anécdotas locales. Frías cuenta además con alquiler de bicicletas eléctricas, una opción estupenda para recorrer los alrededores sin esfuerzo.

 

Santa Gadea del Cid, menuda historia

La última parada es Santa Gadea del Cid, villa medieval declarada Conjunto Histórico-Artístico. El interior de la muralla es completamente llano, ideal para pasear en familia, pero para llegar a la Ermita de Nuestra Señora de las Eras o al castillo es necesario subir una cuesta que forma parte del encanto de la visita.

El trazado conserva puertas medievales, lienzos de muralla, la iglesia gótica de San Pedro con un retablo plateresco magnífico y restos del castillo con su torre del homenaje. Un conjunto patrimonial muy compacto que permite recorrer la historia sin cansancio.

 

Santa Gadea está apostando por el turismo en familia. En la oficina de turismo es posible alquilar bicicletas, y se están desarrollando actividades infantiles y rutas específicas para descubrir la villa jugando.

A lo largo del casco urbano hay señales del recorrido “Menuda Historia QR”: al escanear los códigos, se reproducen vídeos protagonizados por El Sali, un salinero de carácter sarcástico que explica momentos clave de la historia local desde un punto de vista humorístico.

 

Las familias descubren también sorpresas como el caballo del Cid pintado en 3D, perfecto para fotos, o Pitufilandia, una ladera donde vecinos han pintado piedras para recrear casas y personajes pitufos, un rincón espontáneo que encanta a los más pequeños.

Las familias pueden completar la visita acercándose al Granero de San Francisco, una finca histórica ligada al antiguo convento franciscano que ha recuperado su vida gracias a un proyecto que combina agricultura, cultura y talleres artesanales. Entre campos de lavanda se organiza una agenda de actividades que fascina a los niños: desde aprender a hacer jabones y velas con moldes y aceites esenciales hasta descubrir cómo funciona una destilería moderna y cómo se obtiene el aroma de la flor. Los talleres, que se anuncian sobre todo en Instagram, permiten que los pequeños manipulen materiales seguros y vivan una experiencia sensorial muy distinta a las habituales escapadas rurales.

El lugar también está dando sus primeros pasos para ofrecer alojamientos integrados en la finca, pequeñas estructuras pensadas para familias que quieran alargar la estancia sin alejarse del entorno natural. Conciertos íntimos, propuestas culturales de proximidad y un ambiente muy cuidado completan este espacio que suma un punto diferente a la ruta por Santa Gadea, perfecto para quienes buscan planes tranquilos, creativos y al aire libre.

La visita termina en el Monasterio del Espino, un complejo religioso del siglo XV que hoy funciona como hotel. Se puede visitar libremente y los domingos ofrece comidas en su claustro gótico, un lugar perfecto para cerrar la escapada en un ambiente sereno y monumental.

 

Y en primavera… el barco electrosolar

El Territorio Obarenes guarda una experiencia muy especial: el paseo en barco electrosolar por el embalse de Sobrón, una travesía silenciosa entre cortados donde los cormoranes se secan al sol con las alas extendidas y donde la geología cuenta la historia del Ebro. Es su gran tesoro natural y el plan perfecto para una escapada en familia cuando llega el buen tiempo.

 

Guía práctica

Dónde dormir

El Priorato de Trespaderne
Una casona castellana del siglo XVI rehabilitada con carácter, habitaciones amplias y trato familiar. Ideal para familias que buscan comodidad y autenticidad.

 

Dónde comer

  • Restaurante Blanco y Negro (Oña)
    Fusión de cocina castellana con sabores africanos. Sorprendente y delicioso.

 

  • Restaurante del Monasterio del Espino (Santa Gadea del Cid)
    Platos de autor en un entorno monumental.