En un fin de semana en Baena en familia se descubre la esencia y la cultura que desprende el mar de olivos de la campiña cordobesa.
El aceite de oliva no se entienden sin conocer el paisaje que los produce. Baena con niños empieza, en realidad, mucho antes de llegar al pueblo, en el mar de olivos que cubre toda la Campiña cordobesa hasta donde alcanza la vista. Fue precisamente esta tierra la que eligieron los romanos para levantar una de sus ciudades más importantes de la Bética, y con ellos llegó también el aceite, parte de la tríada mediterránea que formaba junto al trigo y el vino, y que Roma extendió por toda la península dejando aquí su impronta. Dos mil años después, ese mismo paisaje conserva un patrimonio arqueológico que, poco a poco, empieza a estar disponible para el gran público.

Índice de contenidos
- Baena, la capital cordobesa del aceite que se recorre a pie
- En la almazara Núñez de Prado, el aceite se hace casi como hace dos siglos
- Cómo se cata el aceite de oliva en familia
- El vino de tinaja de la Bodega Jesús Nazareno y el misterio del Montilla-Moriles
- Torreparedones, la ciudad íbero-romana que corona la Campiña cordobesa
- Por qué Torreparedones sigue cerrado (y qué vais a poder ver en cuanto reabra)
- El Museo Histórico de Baena, la visita que permite conocer el pasado de Baena
- La Semana Santa de Baena, ya Patrimonio de Interés Turístico Internacional
- Dónde comer en Baena con niños
- Guía práctica
- Preguntas frecuentes
Baena, la capital cordobesa del aceite que se recorre a pie
El punto de partida para visitar Baena con niños es su Plaza de la Constitución, hoy una plaza peatonal y abierta donde los más pequeños corretean con libertad mientras los adultos se sientan en alguna de sus terrazas. En época medieval fue un recinto amurallado, la llamada plaza del Coso, con un arco y una puerta en cada calle de acceso y espectáculos taurinos dentro de sus límites. El edificio más antiguo que se conserva alrededor de la plaza es la Casa del Monte, del siglo XVIII, construida con el dinero que generaba el arrendamiento de unas tierras comunales llamadas el Monte Orquera. Hoy alberga, entre otros usos, un restaurante con terraza y el centro de la denominación de origen Baena, donde se realizan las catas que certifican la calidad del aceite de toda la comarca: una buena excusa para empezar a hablar con los niños del paisaje de olivos que enmarca todo el viaje, antes incluso de haber pisado una almazara.
Muy cerca, la plaza reúne también el Ayuntamiento actual, de 1993, un casino de 1913 y un teatro construido sobre lo que durante siglos fue la plaza de abastos del pueblo. Varias esculturas de bronce, obra del escultor local Francisco Ariza, señalan a algunos de los baenenses más ilustres: ahí está Juan Alfonso de Baena, escribano del rey Juan II y autor del Cancionero de Baena, una recopilación de poesía de los siglos XIV y XV cuyo original se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia, en París, y del que solo existen dos facsímiles en el mundo, uno en Baena y otro en Estados Unidos. Junto a él, la figura de Santo Domingo de Baena recuerda a un fraile dominico nacido en el pueblo que emigró como misionero a Vietnam y que Juan Pablo II beatificó años después de su muerte.
A pocos pasos, la Iglesia de Santa María la Mayor, levantada en el siglo XV sobre una antigua mezquita, se conoce en la comarca como la catedral de la Campiña por lo monumental de su interior. Su portada es obra de Hernán Ruiz, el mismo arquitecto de la Giralda de Sevilla, y durante la Guerra Civil sufrió un bombardeo que hizo desaparecer buena parte de sus capillas, su retablo mayor y todo el coro. Justo encima del pueblo, el castillo, de origen árabe, pasó hacia el año 1300 a manos del señorío de los Fernández de Córdoba, después de que el propio pueblo se resistiera durante un tiempo a aceptar un señor y sus impuestos. De sus siete torres originales apenas se conserva la Torre del Homenaje, también llamada torre de las Arqueras, ya que el resto se utilizó durante siglos como cantera, incluida la fachada de una de las almazaras del pueblo, construida con piedra del propio castillo.
En la almazara Núñez de Prado, el aceite se hace casi como hace dos siglos

Buena parte del atractivo de visitar Baena con niños en otoño está en poder ver, casi con las manos en la masa, cómo arranca la campaña de recolección de la aceituna en toda la Campiña cordobesa, y ninguna visita explica mejor ese proceso que la almazara Núñez de Prado, en pleno casco urbano. La familia Núñez de Prado elabora aceite desde finales del siglo XVIII, y hoy la dirige Francisco Núñez de Prado, séptima generación de la saga, un diplomático de profesión que decidió volver a Baena para continuar el negocio familiar. La almazara conserva la histórica bodega de tinajas de barro y un molino de piedra inspirado en el antiguo trapetum romano. A día de hoy sigue extrayendo el aceite sin ningún proceso químico: la pasta de aceituna simplemente gira despacio dentro de unos rodillos de granito hasta soltar, gota a gota, la llamada flor del aceite, la primera y más suave de todas las extracciones.
Bajo el edificio actual se esconde una bodega subterránea de 1795, la más antigua que se conserva de este tipo en la zona, construida bajo tierra para mantener el aceite fresco en los veranos de más de cuarenta grados de la Campiña cordobesa. Los aceites de la denominación de origen Baena, que reúne a ocho municipios de la comarca, mezclan tradicionalmente cuatro variedades de aceituna (picuda, lechín, hojiblanca y picual), lo que explica por qué cada añada tiene matices distintos. Un buen truco para explicar a los niños cómo cuidar el aceite en casa: conservarlo siempre lejos de la luz y el calor, entre 20 y 25 grados, ya que por debajo de los 6 grados se solidifica en pequeños copos parecidos a la nieve sin perder ninguna de sus propiedades. Hoy la almazara exporta a 22 países, entre ellos Japón y Alemania.
Cómo se cata el aceite de oliva en familia

Después de ver cómo se elabora el aceite, la mejor manera de entenderlo del todo es aprender a catarlo, y para eso la cita es otra, bien distinta: la cooperativa Guadalupe, fundada en 1958 por un grupo de agricultores cansados de que los intermediarios les impusieran el precio de su cosecha, en un pueblo donde hasta entonces había un pequeño molino en cada esquina. Hoy es una de las almazaras con más premios de calidad de toda la denominación de origen Baena, y muele varias decenas de millones de kilos de aceituna cada campaña en unas instalaciones mucho más industriales que las de Núñez de Prado, un contraste que por sí solo ya merece la visita y que sirve para explicar a los niños las dos caras de un mismo oficio, la artesanal y la moderna.
La técnica de cata que enseñan allí es sencilla y funciona igual de bien en casa: lo ideal es usar una copa de cristal oscuro, para que el color del aceite no condicione el juicio, tapada con un vidrio de reloj que ayuda a concentrar los aromas. Se calienta la copa un momento con la propia mano, se hace un primer ensayo olfativo y, después, se toma un sorbo pequeño que hay que repartir por toda la boca antes de anotar lo que se ha encontrado. Con niños, el juego consiste en buscar tres sensaciones básicas (el dulce, el amargo y el picante) y aromas que recuerdan a la hierba recién cortada o a la manzana verde en los aceites más tempranos, y a frutos secos en los más maduros. Ningún aceite es igual a otro, ni siquiera dentro de la misma almazara, y esa diferencia depende de la variedad de aceituna, de su punto de maduración y del momento exacto de la cosecha.
El vino de tinaja de la Bodega Jesús Nazareno y el misterio del Montilla-Moriles

A pocos minutos de la almazara, la Bodega Jesús Nazareno, cooperativa fundada en 1963 y conocida en el pueblo simplemente como la cooperativa del vino, pertenece a la denominación de origen Montilla-Moriles, una de las más antiguas de España, reconocida oficialmente en 1945. La vendimia de esta zona es, según explican en la propia bodega, la más temprana de toda Europa: la uva verdejo se recoge a finales de julio, la tinta a principios de agosto y la pedro ximénez, la variedad estrella para los vinos finos, a mediados de mes, casi dos meses antes que en la mayoría de regiones vinícolas del continente.
Lo que distingue al Montilla-Moriles de su vecino más famoso, el jerez, es que aquí el vino no se fortifica nunca con alcohol añadido: la uva pedro ximénez, junto al calor de la Campiña, basta para que el vino alcance de forma natural los 14,5 o 15 grados que exige la normativa para poder llamarse fino. Una parte de esos vinos sigue naciendo, además, en tinajas de barro centenarias de hasta siete metros de altura, donde durante dos meses fermenta el llamado vino nuevo de tinaja antes de pasar a las botas de madera. Allí, los vinos finos crían bajo un velo de flor, una fina capa de levadura que los protege del oxígeno durante un mínimo de cinco años (ocho, en el caso de su Fino Cancillero), mientras que los olorosos, sin esa protección, envejecen de forma oxidativa hasta alcanzar entre 16 y 22 grados. La visita termina con una cata de vinos dulces de pedro ximénez, entre ellos uno bautizado como Cancionero en homenaje al propio Juan Alfonso de Baena, el mismo poeta cuya estatua preside la plaza del pueblo.
Torreparedones, la ciudad íbero-romana que corona la Campiña cordobesa

De todo lo que se puede ver en Baena con niños, nada impresiona tanto como Torreparedones. Situado a 579 metros de altitud, en el punto más alto de toda la Campiña cordobesa, este yacimiento de diez hectáreas amuralladas fue durante siglos una ciudad íbera fortificada, un oppidum, que a partir del siglo I antes de Cristo se romanizó sin apenas violencia. Como explica Manuel Cobo, arqueólogo de la empresa Salsum, que dirige hoy las visitas guiadas al yacimiento, cuando se excavan ciudades conquistadas por la fuerza suelen aparecer capas de ceniza e incendio bajo tierra; en Torreparedones, sin embargo, no hay rastro de eso, lo que apunta a una integración pactada entre íberos y romanos y no a una conquista a sangre y fuego. Se cree, aunque sin confirmar, que la ciudad pudo llamarse Ituci Virtus Iulia, un nombre que cita el propio Plinio en sus escritos.
El recorrido permite entrar por la puerta oriental, de doble acceso, donde todavía se aprecia el desgaste que dejaron siglos de carros en la piedra, y caminar hasta el foro, situado en el cruce de las dos calles principales de la ciudad, el cardo y el decumano máximos. Allí, en el edificio de la curia, que funcionaba como ayuntamiento romano, aparecieron tres esculturas colosales sentadas de los emperadores Claudio y Augusto y de la emperatriz Livia, hoy la gran joya del Museo Histórico de Baena, donde se cuenta su historia con todo detalle. En el propio pavimento del foro, unas letras de bronce todavía legibles recuerdan a Marco Junio Marcelo, edil, duunviro y sacerdote del Divino Augusto, que pagó de su propio bolsillo, unos 600.000 sestercios, el equivalente aproximado a 300.000 euros actuales, la pavimentación de la plaza y quiso que quedara constancia de ello para siempre. Muy cerca, el mercado o macellum conserva las tabernae, pequeñas tiendas con su propia repisa de piedra, mientras que las termas romanas, restauradas por completo tras once meses de obras, permiten distinguir con total claridad sus tres salas (fría, templada y caliente) y el sistema de suelo radiante, el hipocausto, además de una rarísima tubería de plomo que se ha conservado casi intacta.

Muy cerca de allí, aunque ya fuera de la muralla, se encuentra el santuario ibérico de Torreparedones, uno de los lugares de culto mejor documentados de toda la arqueología ibérica. Durante más de cuatrocientos años, entre el siglo III antes de Cristo y el siglo II después de Cristo, los habitantes de la ciudad y de otras poblaciones cercanas acudieron hasta allí atraídos por los poderes sanadores de una diosa a la que los romanos llamarían más tarde Dea Caelestis, cuya imagen no era una estatua sino un betilo, una piedra sagrada de forma alargada. El recinto se construyó con una clara intención astronómica, orientado en un eje exacto de norte a sur y organizado en tres espacios a distintos niveles por los que los fieles iban ascendiendo poco a poco, salvando un desnivel de más de cuatro metros, hasta llegar frente a la divinidad. Es un ejemplo perfecto de cómo la religión indígena y la romana convivieron sin que Roma impusiera nunca sus creencias por la fuerza: los dioses locales, simplemente, fueron adoptando nombres latinos.
En la necrópolis, descubierta por casualidad en 1833 por unos niños que pastoreaban ganado, se encuentra el célebre Mausoleo de los Pompeyos, y todavía en 2020 apareció una nueva tumba romana en la necrópolis oriental. Sobre las ruinas romanas se levanta además un castillo medieval del siglo XIII, con su torre del homenaje, su aljibe y un horno de pan, y la propia empresa que gestiona las visitas organiza también talleres de arqueología y cerámica pensados para familias y grupos escolares.
Por qué Torreparedones sigue cerrado (y qué vais a poder ver en cuanto reabra)
Hay que ser honestos con este punto, porque cambia por completo cómo planificar la visita: a día de hoy, Torreparedones permanece cerrado al público. La causa no tiene nada que ver con el propio yacimiento, que nunca ha estado en mejor estado tras culminar en 2026 la restauración de sus termas y de su foro romano, con una inversión superior a 1,2 millones de euros, y con la reciente aprobación de una intervención urgente en la torre norte del castillo. El problema es la carretera autonómica A-3125, que une Baena con Cañete de las Torres y que sufrió daños graves por las lluvias de un invierno especialmente duro; desde entonces solo existe un acceso provisional habilitado para las labores agrícolas de la zona. «Es paradójico que tengamos un yacimiento restaurado con los más altos estándares de calidad pero que no podamos abrirlo porque el camino no reúne las condiciones mínimas de seguridad», reconocían fuentes del Ayuntamiento de Baena al diario cordobés que sigue de cerca el asunto. El propio Manuel Cobo, que nos guio por el yacimiento mientras seguía cerrado al público, se mostraba moderadamente optimista: «creo que en unos meses tiene que estar otra vez abierto», aunque a fecha de publicación de este reportaje no existe todavía una fecha oficial de reapertura.
Nuestra recomendación es sencilla: antes de planear un viaje a Baena pensando en Torreparedones como plato fuerte, conviene confirmar su situación llamando al Ayuntamiento de Baena o a la empresa que gestiona las visitas guiadas, Salsum. Cuando el yacimiento reabra, previsiblemente seguirá funcionando como hasta ahora: entrada de un euro (también para jubilados), cerrado los lunes, y visita siempre guiada, sin recorrido libre, dado el tamaño y la complejidad del yacimiento.
El Museo Histórico, la visita que permite conocer el pasado de Baena

Mientras se espera la reapertura de Torreparedones, hay una visita que sí se puede hacer con toda normalidad, en pleno casco urbano, y que además suele ser una de las que más engancha a los niños: el Museo Histórico de Baena, instalado en un edificio del siglo XVIII que sirvió primero para guardar los impuestos de la Corona y de la Iglesia, después como posada del pueblo, y que se convirtió en museo en 2011, cuando las excavaciones de Torreparedones empezaron a sacar a la luz hallazgos que necesitaban un lugar donde exponerse.
La pieza que más preguntas suele generar es un león de piedra, en realidad una réplica de 1999 obra del propio escultor local Francisco Ariza, el mismo autor de las estatuas de la plaza del pueblo, ya que el original se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Junto a él hay un segundo león, este sí original, que formaba parte de la misma necrópolis ibérica del Cerro del Minguillar y que probablemente decoraba la tumba de un guerrero o un noble local del siglo V antes de Cristo. Lo curioso, y lo que más suele sorprender a las familias, es que en la península ibérica nunca hubo leones: los artesanos que los esculpieron jamás vieron uno en persona y los imaginaron a partir de lo que les contaban los comerciantes que sí habían tratado con otras culturas donde el león era una figura conocida, de ahí esas formas tan esquemáticas que se alejan bastante del animal real.
Otra de las curiosidades que más llama la atención a los niños son las decenas de pequeñas piernas y pies de piedra expuestos en una de las salas, más de doscientos en total. Son exvotos, ofrendas que los fieles del santuario ibérico dejaban a la diosa para pedir o agradecer la curación de dolencias como la artrosis o la gota, atraídos por las propiedades de un manantial cercano cuya agua, según análisis recientes, sigue teniendo unas características minerales fuera de lo común.
El museo guarda además dos piezas de un valor excepcional. La primera es el relieve de Torreparedones, hallado en 1985 y único en su género dentro del arte ibérico en piedra: representa a dos mujeres realizando una ofrenda junto a una columna rematada por un pequeño león a modo de capitel, probablemente parte de la fachada del propio santuario. La segunda es una estatua thoracata, la escultura sin cabeza de un emperador vestido con coraza militar, hallada en el foro en 2010. En su coraza, entre motivos de palmetas y cabezas de medusa, aparece tallada la cabeza de un lince, la prueba de que hace dos mil años el lince ibérico, hoy en serio peligro de extinción, todavía era un animal habitual en esta parte de la Campiña cordobesa. Completan la sala las esculturas colosales de Claudio, Augusto y Livia encontradas en la curia del foro romano, originalmente pintadas con colores intensos como todas las esculturas de la época, aunque hoy las conozcamos en el blanco desnudo del mármol. La cabeza de Augusto, considerada una obra maestra, luce todavía una corona cívica de bellotas de encina con un pequeño orificio circular en el centro que representaba una estrella, símbolo del alma de Julio César, y de ahí viene precisamente el nombre del mes de agosto.
La Semana Santa de Baena, ya Patrimonio de Interés Turístico Internacional

Baena guarda una última sorpresa que merece la pena conocer aunque no se viaje en Semana Santa. Su figura más característica es el judío, un personaje que existe en las procesiones baenenses desde el siglo XVII, aunque entonces era muy distinto: vestía túnicas y máscaras que las crónicas describen como horribles, y participaba en los desfiles de forma anárquica, hasta que en 1819 las prohibiciones del obispo Pedro Antonio de Trevilla hicieron desaparecer poco a poco esta y otras figuras bíblicas parecidas. El uniforme actual, de origen claramente militar, se documenta ya hacia 1860, cuando el judío formaba en unidades de lanceros con un abanderado y un solo tambor. Durante años la teoría más aceptada situaba su origen en los soldados baenenses que combatieron en la batalla de Bailén, en 1808, y que habrían desfilado después en acción de gracias incorporando elementos tomados a las tropas napoleónicas, como el característico casco de coracero que todavía hoy se ve en las procesiones.
Con el paso del tiempo las lanzas desaparecieron y se multiplicaron los tambores, hasta formar las actuales turbas, la Blanca y la Negra, cada una con ocho cuadrillas y un cuadrillero al frente, que entre las dos suman más de tres mil tambores. Junto al judío desfilan otras figuras igual de singulares: los trajecillos blancos, un traje cofrade documentado ya en 1627 que hoy se conserva en el Museo Nacional de Trajes de Madrid, y los sayones, antiguos soldados romanos de uniforme casi inalterado desde el siglo XVIII, que marchan con alabarda al ritmo de los llamados tambores roncos, de sonido grave y bronco, muy distinto al tambor chillón del judío. En total, la Semana Santa de Baena reúne siete cofradías, setenta y dos hermandades y cuadrillas, y más de cuatro mil tambores recorriendo las calles del casco histórico. En octubre de 2025, y después de contar ya con la declaración de interés turístico nacional, fue reconocida además como Fiesta de Interés Turístico Internacional.
Dónde comer en Baena con niños
La gastronomía cordobesa tiene en Baena dos reyes indiscutibles: el salmorejo, más espeso y contundente que el gazpacho, y el flamenquín, un rollito de lomo o jamón rebozado y frito que suele arrasar entre los más pequeños de la familia. A la hora de sentarse a la mesa con niños, tres direcciones sencillas cubren bien el pueblo.
Restaurante Bodega Palacios (Avenida Padre Villoslada, 65) sirve cocina tradicional cordobesa en pleno centro del pueblo, con raciones generosas y un ambiente informal que funciona bien con niños. Paté de perdiz, majete de patatas, berenjenas crujientes con miel, mazamorra cordobesa o carrillada al oloroso son algunos de los platos típicos que se pueden degustar aquí
El Picoteo (Avenida Padre Villoslada, 29) es un bar de tapas ideal para una parada rápida o para una comida relajada probando una cocina más alternativa con platos como los cogollos con vinagreta de miel y mostaza y mermelada de mango o las gyozas de carrillada crujientes con salsa de parmentier,
Mesón Casa del Monte (Plaza de la Constitución, 12) ocupa el propio edificio histórico de la Casa del Monte, en plena plaza peatonal, donde los niños pueden seguir jugando mientras llega la comida.
Entre los productos de la tierra que merece la pena llevarse a casa, además del aceite y el vino, está la sal artesanal de las Salinas de Vadofresno, una explotación familiar que lleva generaciones aprovechando un manantial de agua salobre de la zona y que también se puede visitar.
Guía práctica
| Dónde está | Baena, en la Campiña cordobesa, a unos 65 km al este de la ciudad de Córdoba |
|---|---|
| Cómo llegar desde Madrid | AVE Madrid-Córdoba (aprox. 1 h 45 min) y traslado en coche hasta Baena (unos 45 minutos) |
| Denominaciones de origen | DO Baena (aceite de oliva virgen extra) y DO Montilla-Moriles (vino) |
| Torreparedones ahora mismo | Cerrado al público por daños en la carretera de acceso (A-3125); confirmar el estado antes de viajar llamando al Ayuntamiento de Baena o a Salsum |
| Museo Histórico de Baena | Abierto todo el año, en pleno casco urbano; consultar horario actualizado en el Ayuntamiento de Baena |
| Con niños | Cata de aceite en la cooperativa Guadalupe y talleres de arqueología y cerámica en Torreparedones para familias y colegios, con reserva previa |
| Mejor época | Otoño, coincidiendo con la recolección de la aceituna, o Semana Santa; evitar pleno verano, cuando se superan con facilidad los 40 °C |
| Duración recomendada | Un fin de semana (2 días, 1 noche) para el pueblo, la almazara, la bodega y Torreparedones o el museo con calma |
| Gastronomía imprescindible | Salmorejo cordobés y flamenquín |
Preguntas frecuentes
¿Se puede visitar Torreparedones ahora mismo?
A fecha de publicación de este reportaje, no: el yacimiento permanece cerrado al público por el mal estado de la carretera de acceso, la A-3125, aunque la restauración del propio yacimiento (foro, termas y torre norte del castillo) ya está prácticamente terminada. Antes de organizar el viaje conviene confirmar el estado de la carretera y de las visitas guiadas con el Ayuntamiento de Baena o con la empresa Salsum.
¿Se puede ver algo de Torreparedones mientras el yacimiento está cerrado?
Sí. Buena parte de sus piezas más importantes, incluidas las esculturas de Claudio, Augusto y Livia, el relieve del santuario o la estatua thoracata con su lince tallado en la coraza, se pueden ver mientras tanto en el Museo Histórico de Baena, en pleno casco urbano y abierto todo el año.
¿Es Baena un buen plan para ir con niños pequeños?
Sí. Tanto la almazara Núñez de Prado como la cooperativa Guadalupe y la Bodega Jesús Nazareno reciben visitas familiares y adaptan la explicación a distintas edades, con degustaciones incluidas de pan con aceite o mosto en el caso de la bodega. El casco histórico de Baena, además, se recorre a pie sin dificultad y sin grandes desniveles.
¿Cuál es la mejor época del año para ir a Baena en familia?
El otoño es la temporada más recomendable, porque coincide con el arranque de la recolección de la aceituna, el mejor momento para entender en vivo el proceso que se explica en la almazara, y porque las temperaturas ya son mucho más cómodas que en pleno verano, cuando en la Campiña cordobesa se superan con facilidad los 40 °C. Quien pueda coincidir con la Semana Santa vivirá además una de las tradiciones más singulares de toda Andalucía.



