Cinco jardines centenarios, una vendimia recién terminada y una lección de historia real esperan a las familias a solo veinte minutos de Viseu, en el corazón vinícola del Dão.
Hay excursiones que se recuerdan por el paisaje y otras que se recuerdan por lo que se cuenta mientras se camina por él. En Santar, un pueblo pequeño de la región del Dão, ocurren las dos cosas a la vez: los jardines de Santar con niños se recorren entre viñedos que en otoño cambian de color, rosas que todavía huelen en septiembre y una casa noble que lleva dieciséis generaciones en la misma familia. Todo eso, sin salir de la base perfecta para una escapada en familia a Portugal: Viseu.
Índice de contenidos
- Por qué Santar es la excursión imprescindible desde Viseu en otoño
- Cinco jardines, cuatro familias, un solo proyecto
- El jardín histórico y el aroma de octubre
- Viñedos, vendimia y un vino que también se disfruta con la vista
- Dentro de la casa: seis siglos de historia contados a los más pequeños
- La visita extra que no esperabais: el museo Aristides de Sousa Mendes
- Dónde comer cerca de los jardines de Santar
- Guía práctica
- Preguntas frecuentes
Por qué Santar es la excursión imprescindible desde Viseu en otoño
Viseu es una de esas ciudades portuguesas del interior que sorprenden por su tamaño manejable, su casco histórico sin coches y su rodeo de sierras. Es también un punto de partida excelente para explorar la región del Dão, y entre todas las excursiones posibles, los jardines de Santar con niños son, para muchas familias, la parada obligatoria: están a apenas veinte minutos en coche, tienen actividades pensadas para todas las edades y el paisaje cambia por completo según la estación. En otoño, cuando la vendimia acaba de terminar y las hojas de la vid empiezan a virar del verde al cobre, el proyecto muestra su cara más fotogénica. No es casualidad que la propia guía que conduce las visitas lo diga sin dudar: «para mí las dos estaciones preferidas son la primavera y el otoño», con permiso del verano, cuando el calor aprieta y las flores se resienten.
El proyecto se llama Santar Vila Jardim y no es un jardín botánico al uso, sino algo más singular: un pueblo entero que ha decidido convertir sus viejas fincas señoriales, abandonadas durante décadas, en un recorrido paisajístico unificado. Eso, en un país donde las propiedades privadas rara vez se abren al público y donde unir terrenos de familias distintas es, como reconoce la propia guía, «algo muy difícil», convierte la visita en un caso casi único en Portugal.
Cinco jardines, cuatro familias, un solo proyecto
La idea nació de la necesidad. Las grandes casas de Santar, construidas entre los siglos XVI y XVIII, fueron durante generaciones residencias permanentes de familias nobles portuguesas. Con el paso del tiempo, los herederos se trasladaron a Lisboa, a Oporto, a otras ciudades, y los jardines y huertos que rodeaban las casas dejaron de cultivarse. Fue entonces cuando los propietarios actuales decidieron contactar a otras familias del pueblo con casas señoriales similares y, con financiación de fondos europeos, encargaron el proyecto a Fernando Caruncho, uno de los paisajistas más reconocidos del mundo, nacido en Madrid.
El resultado son cinco jardines diferentes, unidos por pasos y pérgolas que antes no existían: el jardín histórico, de estilo francés y anterior a la intervención de Caruncho; el jardín de la Casa de la Magnolia, inspirado en los viñedos de la zona; los huertos comunales, veinte parcelas de las que cinco se ceden gratuitamente a vecinos del pueblo para que cultiven lo que quieran; y los jardines vinculados a la casa principal, con su viñedo propio y su bodega. Como explica la guía durante el recorrido, la filosofía del arquitecto fue «no alterar demasiado, pero rescatar lo que ya existía», adaptando cada espacio a la memoria agrícola de la finca en la que se encuentra, ya fuera vino, huerta o flor.
El jardín histórico y el aroma de octubre
El recorrido arranca en el jardín más antiguo, construido sobre una mina de agua que sigue alimentando un canal que atraviesa todo el espacio y que, según cuenta la guía, iba a inspirarse deliberadamente en la Alhambra y en los jardines del sur de España, donde el propio Caruncho pasó parte de su infancia: «la naturaleza no es solo lo que miramos, sino también lo que sentimos», resume ella misma sobre esa idea. En este jardín conviven las formas geométricas de la topiaria —pirámides, círculos, setos recortados a mano desde el siglo XVII— con capillas laterales y con un perfume que en otoño se vuelve casi denso: el de los últimos rosales en flor.
Precisamente las rosas son uno de los hallazgos que más sorprenden a las familias que visitan Santar en septiembre y octubre. En un rincón del recorrido, junto a la casa, crecen rosas inglesas de un rosa muy particular, el color favorito de la última condesa que vivió en la finca hasta los ochenta y cinco años. Son más abiertas que las variedades habituales, con un aroma mucho más intenso, y quien las huele por primera vez suele reaccionar igual que cualquier niño curioso: acercando la nariz y preguntando por qué huelen tan distinto a las flores de casa.
Viñedos, vendimia y un vino que también se disfruta con la vista
Si hay un jardín que resume por qué otoño es la mejor estación para visitar Santar en familia, es el que rodea la bodega. Los viñedos, plantados en ondas siguiendo el dibujo del terreno, con variedades autóctonas como el encruzado, la malvasía fina y el alfrocheiro, no son solo producción: son parte del diseño paisajístico, pensados para que las hojas dibujen distintos verdes en primavera y distintos cobres y ocres en otoño, justo cuando la vendimia ya se ha recogido. Durante nuestra visita, los responsables de la bodega acababan de terminar la recolección del vino blanco dos semanas antes, y explicaban con orgullo que ese año la cosecha había sido «más pequeña, pero con más calidad».
La bodega, instalada en un antiguo edificio que en su día sirvió de vivienda a los trabajadores de la finca, se puede visitar y terminar con una cata que incluye vino blanco, tinto y un espumante elaborado en colaboración con uno de los enólogos más reconocidos de Portugal. Para las familias con niños pequeños, este es también el momento de dejarles corretear junto al lago, donde viven gansos, cisnes y peces que se acercan a comer de la mano si se les ofrece con calma, uno de los momentos que, en la práctica, más recuerdan los más pequeños al volver a casa.
Dentro de la casa: seis siglos de historia contados a los más pequeños
La visita a los jardines de Santar con niños no termina en el exterior. Una parte del recorrido incluye el interior de la casa principal, propiedad de la misma familia desde hace dieciséis generaciones, con un nombre que ha ido cambiando por matrimonios sucesivos a lo largo de los siglos. Allí se conservan, entre otras piezas, la capa de cristianar que ha vestido a todos los bebés de la familia durante generaciones, una pequeña capilla dedicada a San Francisco de Asís todavía en uso, una sala de música con vestidos de gala de distintas décadas —incluido uno de los años veinte usado después como disfraz de Carlota en los años cincuenta— y una colección de antiguos coches de caballos, uno de ellos con el curioso mérito de ser el único con freno, «una influencia de los primeros coches del siglo XX», según cuenta la guía.
Ese recorrido interior sirve también para explicar a los niños, de forma muy visual, cómo funcionaba la vida en una familia noble portuguesa hasta hace apenas un siglo: el hijo mayor heredaba título y propiedades, el segundo iba al ejército y el tercero a la Iglesia, mientras que las mujeres solo tenían dos caminos posibles, casarse con quien decidiera la familia o entrar en un convento. La última condesa que vivió permanentemente en la casa, al no tener hermanos varones, heredó toda la propiedad, algo excepcional para su época y que la propia guía subraya como una rareza que merece contarse: «si hubiera tenido un hermano, aunque fuera más pequeño, habría perdido la herencia solo por ser mujer».
La visita extra que no esperabais: el museo Aristides de Sousa Mendes
Muy cerca de Santar, en Cabanas de Viriato (concello de Carregal do Sal), hay una parada que muchas familias no tienen en el radar y que conviene sumar al mismo día de excursión desde Viseu: el Museu Aristides de Sousa Mendes, instalado en la casa familiar del diplomático, conocida como Casa do Passal. Abrió el 19 de julio de 2024 y, según cuenta Luís Medeiros, técnico de museo que nos recibió y que fue periodista durante veinticinco años antes de dedicarse a contar esta historia, «en el segundo semestre de 2024 fuimos el museo más visitado del país», un dato que da la medida del interés que despierta.
Aristides de Sousa Mendes fue cónsul de Portugal en Burdeos en 1940, cuando tres millones de personas —muchas de ellas judías, pero también perseguidas por su nacionalidad, su discapacidad o su orientación sexual, como recuerda el propio museo— intentaban escapar del avance nazi por Francia. El dictador Salazar había prohibido, mediante un documento conocido como la Circular 14, conceder visados sin autorización del Gobierno. «Fue a ese documento al que Aristides desobedeció para hacer lo que para él era correcto: salvar vidas», explica Medeiros, que relata cómo durante varios días firmó visados sin descanso, con un simple sello y una pluma, hasta permitir la salida de miles de personas. Entre ellas estaba el rabino ortodoxo Jaime Kruger, que al recibir su visado respondió algo que todavía hoy emociona a quienes visitan el museo: «yo no quiero un visado solo para mí, quiero un visado para todos mis hermanos».
La decisión le costó la carrera, la fortuna y catorce años de vida marcados por la pobreza, hasta el punto de tener que vender los objetos de su propia casa para poder comer. Tuvo quince hijos con su primera esposa, y ninguno le dio la espalda: «todos sufrieron igual, todos perdieron todo por la decisión de su padre… pero nadie lo rechazó. Todos se quedaron a su lado hasta el final. Es una historia de amor multiplicada por muchos», resume Medeiros frente a la sala dedicada a la familia, presidida por un coche fabricado a medida por Ford para que Aristides pudiera llevar a todos sus hijos a la vez.
El recorrido incluye también la sala dedicada a la Segunda Guerra Mundial y a las más de 30.000 personas que se calcula que lograron huir gracias a sus visados —de las que 14.000 nombres, los que se pudieron documentar, figuran hoy escritos en las paredes del museo—, entre ellas familias reales europeas y los propios creadores del célebre Jorge el Curioso, Hans y Margret Rey, que llegaron a Lisboa en bicicleta desde París y, gracias a uno de esos visados, pudieron zarpar hacia Nueva York con el manuscrito de su primer libro en la maleta. Aristides nunca pidió disculpas por lo que hizo, ni siquiera cuando la dictadura lo hundió en el olvido durante décadas; solo en 2021 Portugal le rindió su mayor honor, el Panteón Nacional. Como resume el propio Luís Medeiros, cerrando la visita con una idea que conecta directamente con el espíritu de un viaje en familia: «el trabajo de Aristides no está terminado, y todos nosotros podemos y debemos hacer la diferencia cada día con quienes necesitan ayuda en este mundo en el que vivimos».
Para las familias que viajan con niños algo más mayores, o simplemente con ganas de explicarles que la historia también la escriben personas anónimas que deciden hacer lo correcto, esta visita añade a la jornada una capa de reflexión que ningún jardín, por bonito que sea, puede ofrecer por sí solo. La combinación de una mañana entre viñedos y rosas con una tarde dedicada a esta historia real convierte la excursión desde Viseu en algo bastante más completo que un simple paseo botánico.
Dónde comer cerca de los jardines de Santar
Terminar la visita a los jardines de Santar con una buena mesa no es solo una opción cómoda: es casi una continuación del propio proyecto. Dentro del Valverde Santar Hotel & Spa, con acceso directo desde el exterior y abierto también a quien no se aloja en el hotel, se encuentra SÍTIO Santar, un restaurante que se define a sí mismo como algo más que un lugar donde comer: un punto de encuentro entre el jardín, la viña y la mesa, con vistas privilegiadas sobre el paisaje de viñedo que rodea la finca.
La propuesta de SÍTIO Santar sigue el ritmo de las estaciones y de los productos autóctonos de la región del Dão, como una «geografía comestible», en la que la comida es una prolongación natural del paseo por los jardines históricos y la viña de Santar.
Para quienes quieran vivir la experiencia completa, SÍTIO Santar ofrece dos menús degustación: Origem, de cuatro momentos -dos entrantes, un plato principal y un postre- por 45 €, con opción de maridaje de vinos por 60 €; y Território, de cinco momentos -dos entrantes, un plato de pescado, uno de carne y un postre- por 60 €, con maridaje por 80 €. Quienes prefieran elegir plato a plato encontrarán entrantes como la empanada de conejo a la Mirra o el tartar de ternera de Lafões, pescados como el bacalao a la Zé do Pipo o el pulpo a la teja, y carnes como el arroz de pato al horno o el cabrito con migas, siempre con producto de proximidad y guiños constantes a la despensa tradicional de la región.
Para las familias que viajan con niños, SÍTIO Santar tiene un menú infantil (14 €) con crema de verduras de entrante, pollo con arroz y patatas fritas de plato principal y mousse de chocolate o fruta de postre, una opción sencilla que permite alargar la sobremesa sin prisa mientras los más pequeños disfrutan de su propia comida.
Guía práctica
| Dónde están | Santar, freguesia del concello de Nelas, en la región del Dão (distrito de Viseu, Portugal) |
|---|---|
| Distancia desde Viseu | Unos 20 minutos en coche |
| Web y reservas | santarvilajardim.pt (la visita a los jardines requiere reserva previa) |
| Horario de visitas guiadas (verano, mayo-octubre) | 10:30, 12:00, 15:00 y 17:00 h |
| Horario de visitas guiadas (invierno, noviembre-abril) | 10:00, 12:00 y 15:00 h |
| Duración recomendada | Entre 1 h 30 min y 2 h para los jardines y la casa; añadir tiempo extra si se hace cata de vino |
| Con niños y carritos | Terreno mayoritariamente llano y de tierra compactada; apto para cochecito en la mayor parte del recorrido, con algún tramo de escaleras en el interior de la casa |
| Visita extra recomendada | Museu Aristides de Sousa Mendes, en Cabanas de Viriato (unos 25-30 minutos desde Santar), de martes a domingo |
| Dónde comer | SÍTIO Santar, en el Valverde Santar Hotel & Spa |
| Mejor época para ir en familia | Primavera y otoño, por temperatura y por color en jardines y viñedos |
| Cómo llegar desde España | Vuelo a Oporto y una hora y media de coche hasta Viseu, desde donde se organiza la excursión |
Preguntas frecuentes
¿Son los jardines de Santar una buena opción para ir con niños pequeños?
Sí. El recorrido combina espacios abiertos donde los niños pueden moverse con libertad, animales (gansos, peces, algún caballo) que suelen ser el punto favorito de los más pequeños, y una visita guiada que no resulta demasiado larga ni exigente para su edad. El terreno es en general llano, aunque el interior de la casa tiene algún tramo de escaleras que conviene tener en cuenta si se viaja con carrito.
¿Cuánto se tarda en llegar a Santar desde Viseu?
El trayecto en coche dura unos veinte minutos, lo que convierte a Santar en una de las excursiones más rápidas y cómodas desde Viseu para una familia que no quiera pasar toda la mañana en carretera.
¿Se puede combinar la visita a Santar con el museo Aristides de Sousa Mendes el mismo día?
Sí, y es justamente la combinación que recomendamos. Cabanas de Viriato, donde se encuentra el museo, está a poco más de veinte minutos de Santar, por lo que es perfectamente posible dedicar la mañana a los jardines y la primera hora de la tarde a esta visita histórica antes de regresar a Viseu.
¿Cuál es la mejor época del año para visitar los jardines de Santar en familia?
La propia organización del proyecto señala la primavera y el otoño como las estaciones más recomendables: en otoño coincide además con el final de la vendimia y con el cambio de color de las hojas de la vid, algo que no ocurre en ninguna otra época del año.













